Hace unos seis millones de años, antes de quedar aislado y evaporarse casi por completo, el mar Mediterráneo se convirtió en una inmensa salina. Durante al menos 100.000 años, dentro del periodo conocido como Crisis Salina del Mesiniense, llegó a acumular alrededor del 10% de la sal contenida en los océanos. La causa de que esta situación se prolongara durante tanto tiempo pudo ser la reducción y “estabilización” del tamaño del canal de conexión con el Atlántico, según un estudio elaborado por científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que aparece publicado en el último número de la revista Nature.
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El Mediterráneo acumuló cerca del 10% de la sal de los océanos hace unos seis millones de años
El Instituto Español de Oceanografía evalúa el estado de los recursos pesqueros en el Gran Sol
El buque oceanográfico Vizconde de Eza perteneciente a la Secretaría General del Mar (MARM), parte del puerto de Vigo para realizar la campaña de investigación Porcupine 2011. La campaña, organizada por el Instituto Español de Oceanografía (IEO) y cofinanciada por la UE, se realiza en esta zona por undécimo año consecutivo y está dirigida a la evaluación directa de los recursos pesqueros demersales explotados por la flota española en el banco de Porcupine, al oeste de Irlanda, cubriendo las zonas del ICES VIIc y VIIk.
Las esponjas marinas acumulan grandes cantidades de silicio en el océano
Un equipo de científicos, dirigidos por el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Manuel Maldonado, señala que las esponjas marinas retienen el 88% del silicio del océano. Este elemento, un nutriente fundamental del océano, contribuye a la proliferación de las microalgas, que alimentan a muchos organismos marinos. Además, este mineral favorece la absorción de CO2 por parte de las microalgas.
Lanzan la primera de 20 boyas que medirán la salinidad del océano
Científicos de la expedición Malaspina, un proyecto multidisciplinar liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) para estudiar el impacto del cambio global y la biodiversidad del océano, han lanzado la primera de 20 novedosas boyas diseñadas para medir la salinidad a 50 centímetros de la superficie. Los datos recogidos por las boyas en el océano servirán para mejorar los mapas globales de salinidad que actualmente se elaboran con la información obtenida desde el espacio por el satélite SMOS (Soil Moisture and Ocean Salinity), de la Agencia Espacial Europea.