
El grupo de investigación del Laboratorio de Genética Forense y de Poblaciones de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) investiga sobre nuestros antepasados a través del análisis genético de restos humanos antiguos con el fin de comprender mejor una de las revoluciones más importantes de la historia de la humanidad: la llegada de la agricultura. Existe cierto consenso en cuanto al origen de la agricultura, por lo menos en lo que se refiere a nuestro continente. La agricultura y la ganadería se desarrollaron en Próximo Oriente hace unos 10.000 años, en la región del Creciente Fértil. Esta nueva cultura se conoce hoy como Neolítico, edad de la “piedra nueva”, puesto que también se mejoran las técnicas de tallado respecto al período anterior, el Paleolítico o era de la “piedra antigua”. Sin embargo, los rasgos más característicos del Neolítico son la adopción de la agricultura y de la ganadería (que sustituyen a la recolección y caza, respectivamente), el asentamiento en poblados en lugar del nomadismo y el empleo de recipientes cerámicos. La llegada y el desarrollo de la agricultura constituyeron una verdadera revolución ya que implicaron la producción de alimentos, la generación de excedentes y un crecimiento demográfico vertiginoso. Además, ya no era necesario moverse para la búsqueda de alimentos. Como era de esperar, todas estas condiciones favorables incrementaron la natalidad.