Los expertos creen que el sistema educativo español sigue sin despertar la curiosidad ante lo científico


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Valladolid acoge el ‘Ciclo en Tierra de Nadie’, organizado por la Fundación de Ciencias de la Salud y con el apoyo de GlaxoSmithKline. En el último siglo, la cultura científico-tecnológica ha influido más que nunca sobre la humanística. De hecho, “en la actualidad la Ciencia ocupa casi todos los resquicios del pensamiento humano y, en ocasiones, deshumaniza nuestras relaciones e incluso la visión de nosotros mismos”, ha asegurado el profesor Javier Puerto, catedrático de Historia de la Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid y director del Ciclo en Tierra de Nadie: Conversaciones sobre Ciencias y Letras, una iniciativa de la Fundación de Ciencias de la Salud que cuenta con el apoyo de GlaxoSmithKline (GSK). El ciclo se ha celebrado por primera vez en Valladolid, concretamente en la Sala Cultural Caja España–Duero.

José María Eiros Bouza, catedrático de Microbiología de la Universidad de Valladolid, ha establecido por su parte “los marcos de la indagación científica, que intenta entender el mundo material sin dejar de lado la conciencia de que también existen aspectos inmateriales tales como la libertad, el amor o la esencia de la vida”. El experto se refiere al método científico como “el camino inteligente que recorre la Ciencia entre una hipótesis y la comprobación de ésta hasta alcanzar leyes y teorías universales”, explica.

Ante la afirmación de que vivimos en un mundo donde la civilización matiza las maneras de pensar, de tal manera que lo científico sugiere un conocimiento objetivo y el resto nos parece subjetivo u opinable, el profesor Eiros Bouza no está de acuerdo. “Es muy importante reconocer que en el mundo actual la civilización viene marcada por el progreso científico, lo que matiza sustancialmente nuestro modo de pensar e incluso de valorar”, afirma.

“La Ciencia y la Literatura son dos facetas de una misma realidad”, subraya, al tiempo que añade que la reflexión literaria como tal “tiene un rigor que no debe ser infravalorado frente al de la reflexión científica”. De hecho, “uno de los retos que nos planteamos como grupo investigador tiene que ver con la divulgación de lo que hacemos a la población general”.

Separación de Ciencias y Letras

Por otro lado, el escritor Luis Mateo Díez, miembro de la Real Academia Española, ha hecho una reflexión sobre “la precariedad que hemos tenido siempre en España a la hora de compaginar las culturas literaria y científica, y el reflejo que eso tiene en el propio sistema educativo, donde se ha padecido esa gran desgracia que es la separación de las Ciencias y las Letras”. Todavía no se ha superado esta situación, a pesar de que la revolución tecnológica ha puesto de relieve la importancia del mundo científico. “Hay carencia de curiosidad ante lo científico y no parece que las nuevas generaciones vayan a tener una mayor disposición en este sentido”, ha precisado.

El escritor ha planteado cómo la creación literaria “presenta elementos emparentables con la creación científica en lo relativo a la indagación en el mundo de los valores más espirituales o abstractos, en el caso de la Literatura, y en la parte más material de lo que somos, en el caso de la Ciencia”. La curiosidad es consustancial a ambos campos y el conocimiento humano es totalizador. “En el creador hay siempre cierta incitación al descubrimiento, que se basa en valores pesados y sopesados en el caso de la Ciencia, y se sitúa más cerca de lo misterioso en el caso del Humanismo”, explica. “El debate entre las Ciencias y las Artes está más vivo que nunca, quizás porque las primeras han hecho ya muchos acercamientos humanísticos, y en las segundas es difícil sobrevivir sin curiosidad científica”, concluye.

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